Maneras de pasarlo bien al aire libre

Las oportunidades educativas abundan en la naturaleza, desde la mágica transformación de una oruga en mariposa hasta el rugido del océano dentro de una concha marina. Una apreciación de la naturaleza ayuda a los niños a entender que son parte de un universo más grande y que todos los seres vivos tienen un propósito, dice Susan Buttross, M.D., jefa de desarrollo infantil y pediatría conductual en el Centro Médico de la Universidad de Mississippi, en Jackson. Prueba estas divertidas actividades familiares para despertar el interés de su hijo en el mundo natural y para desarrollar su imaginación, curiosidad y compasión.

Sin duda, las actividades al aire libre son una gran alternativa de ocio, ya sea en el parque, un baño en la piscina o disfrutando de un colchón hinchable. Y es que debemos transmitir a nuestros hijos que hay vida más allá de la televisión, los videojuegos o los smartphones, o de lo contrario se quedarán apáticos y medio tontos.

Déjate guiar por tus sentidos

Enseñe a sus hijos a explorar el bosque con los ojos, los oídos, la nariz y los dedos en alerta máxima. Traiga una lupa o prismáticos para ver de cerca las plantas, flores y árboles. Mire debajo de troncos y rocas para salamandras e insectos. Huele los pinos. Siente la corteza áspera o la savia pegajosa. Luego, escuche en silencio los sonidos de los pájaros, el agua y los animales pequeños. Es mejor no tener una agenda para ver plantas o animales específicos, dice Hank Art, autor de WoodsWalk (Storey). “Parte de la alegría de estar en el bosque es nunca saber lo que vas a descubrir.”

Atrapa un bicho

Elija un insecto que fascine a su hijo, sugiere Connie Zakowski, autora de The Insect Book: Una guía básica para la recolección y cuidado de insectos comunes para niños pequeños (Rainbow). Las mariquitas, los saltamontes y las luciérnagas son especímenes aptos para niños. Usando una red para insectos, ayude a su hijo a capturar el insecto y colóquelo en un frasco de plástico junto con una ramita pequeña y unas cuantas hojas frescas. Cubra el frasco, pero asegúrese de perforar varios agujeros pequeños en la tapa para obtener aire. Los niños pueden rociar la tapa con agua todos los días, suministrar hojas nuevas y limpiar el frasco cada tres días. Algunos insectos, como las mariquitas o las mariposas, son difíciles de alimentar, así que es mejor liberarlos después de un día.

Recoger la fruta

Un viaje a una granja de bayas, un huerto de manzanas o un huerto de calabazas enseña a los niños que los productos no provienen del supermercado. Los arándanos y las frambuesas maduras son comestibles directamente de la rama. Tenga cuidado al recoger las moras, que a menudo crecen en tallos espinosos. Si a su hijo le gusta comer manzanas del árbol, asegúrese de que sean orgánicas. Cuando llegues a casa, haz una tarta, un pastel o una mermelada para mostrar cómo se puede aprovechar la generosidad de la naturaleza.

Mirar a las estrellas

Echa un vistazo a los libros de astronomía, o visita un observatorio o un planetario para aprender cómo son las diferentes constelaciones y planetas. En una noche despejada, salga afuera con binoculares o un telescopio y busque a Orión o la Osa Mayor. Incluso los niños pequeños disfrutarán mirando la luna. A medida que sus hijos crecen, pueden ver una galaxia, una estrella fugaz o un planeta. Cuando un cometa, una lluvia de meteoritos o un eclipse lunar se acerca, reúne a la familia para observar y aprender.